La comida es tu medicina


El hablar de comida como una forma de medicina para mi cuerpo y el alimentarse en forma orgánica y natural es algo que me apasiona muchísimo.

Desde muy joven me ha interesado mucho tener mi rutina de ejercicios  y todo lo referente a temas naturistas, y en lugar de sólo tomarme un jarabe para la tos o una aspirina para cualquier padecimiento de salud, mejor miel de abeja con jugo de limón recién exprimido para esa tos o para una garganta irritada y dolorida, o un té de manzanilla para calmar un cólico o como tranquilizante nervioso, y que tal una gran plato de ensalada con vegetales verdes, brócoli, tomate, aguacate y pimientos rojos, con aceite de oliva y jugo de limón, que te provee de una gran cantidad de nutrientes vegetales llamados fitoquímicos, los cuales son componentes bioactivos encontrados en frutas y vegetales que trabajan junto con vitaminas, minerales, y fibra para promover buena salud.

 

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Es decir, haz ejercicio y come todos los colores del arco iris y estarás seguro de que estás adquiriendo todos estos nutrientes y tu cuerpo se sentirá a su máximo.

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En lo que me fue posible, trate de mantener este estilo de vida, el que poco a poco fui dejando a un lado sin darme cuenta, al dedicarme a atender a mi familia, dejándose absorber por la rutina y convertirme en una mamá que trabaja fuera de casa, y así, sin poner mayor atención, estuve dando a mi familia un tipo de alimentación, que era lo mejor a mi entendimiento en ese entonces y que no era totalmente errónea, pero que aún tenía muchos, muchos defectos.

Ya les había comentado acerca mis problemas de sobrepeso hace unos años. Con 1.60 m (5’3″) de estatura y 70 Kg (154 lbs) de peso y hubo una época en que llegue a pesar casi 75 Kg (165 lbs), yo  pensaba que era por la cosa de ir entrando más en años y cambios en el metabolismo, que por eso no bajaba de peso tan fácilmente como lo hacía en mis 20’s y que hasta cierta forma era normal, hasta que haciendo un poco de investigación me di cuenta que efectivamente es cosa de la edad, pero que es más bien causado por cambios hormonales que una aumenta de peso, pero que dándole a tu cuerpo los nutrientes adecuados y ejercitándose, esto se puede revertir.

Es grandioso cuando te das cuenta de lo que la comida puede hacer por tu cuerpo, bueno y malo: cuando le das la comida adecuada lo ayudas a fortalecerse, y cuando lo alimentas pobremente, tu cuerpo se deteriora, lo haces vulnerable y débil. Algo tan simple como es un resfrió por ejemplo, ¿no te ha llamado la atención el por qué  en una oficina, o cualquier otro ambiente de trabajo, en la escuela, o simplemente dentro de nuestra casa, si alguien se resfría  algunos se contagian y otros no? ¿No hemos escuchado desde que éramos niños que no te acerques a alguien con catarro porque de seguro te vas a contagiar? Sin embargo eso no es así: si tu sistema inmunológico esta fuerte, aunque alguien enseguida de ti estornuda, no te contagiará, pero por el otro lado, si tu sistema inmunológico está comprometido y débil, con sólo estar cerca de esa persona pescarás el resfrío. Todo depende de cómo hayas tratado a tu cuerpo, y la manera como nos alimentamos es primordial en este respecto.

Es esencial comer frutas y verduras, y al mismo tiempo evitar las comidas procesadas con preservativos, colores y sabores artificiales y comidas enlatadas. Leer las etiquetas para evitar ingredientes tales como: jarabe de maíz con alta fructuosa, aceites parcialmente hidrogenados (te obstruyen las arterias y te dañan el corazón), nitratos de sodio (carcinógenos), glutamato mono sódico (excitotoxina que daña las células del cerebro), harina blanca procesada y azúcar blanca refinada (dispara los niveles de azúcar en la sangre), endulzantes artificiales (carcinógenos), organismos modificados genéticamente (GMO por sus siglas en inglés), y la lista sigue, y sigue, y por si sola es tema para otro artículo, pero creo que como ejemplo quedó entendido.

Cuando retomé este estilo de vida, me encontré con un poco o mucho de resistencia por parte de mis hijos y esposo,  porque pensaban que esto era como una moda y que yo estaba totalmente influenciada por todo lo que oía y leía. No obstante comencé haciendo pequeños ajustes: leyendo las etiquetas de los alimentos que consumimos en casa (lo que mis dos hijos ya se han acostumbrado a hacer, especialmente el más joven), comprando vegetales y frutas orgánicas, en lo que me era posible y añadiendo probióticos a nuestro régimen, que es la bacteria buena que vive en los intestinos y que mantiene el sistema inmunológico saludable y por supuesto, aparte de hacer cambios en la alimentación, también hice cambios en mis hábitos diarios los cuales incluían una rutina de ejercicios.

EJERCICIO Y NUTRICIÓN

Entonces a la vuelta de 3 ó 4 meses no solo empecé a sentirme mejor y con más energía, sino que además note que empecé a bajar de peso sin proponérmelo (mi esposo también), digamos que fue un muy agradable efecto secundario; bajé alrededor de 7 Kg (como 15 libras) y así me he tratado de mantenerme, lo cual no podría ser más gratificante.

Y realmente es muy fácil hacer estos cambios en tu estilo de vida cuando sabes exactamente porque lo estás haciendo y de los beneficios a corto y largo plazo que obtendrás, y aunque aún hay muchos ajustes que aún tengo que hacer y todavía muchas cosas por aprender, creo que voy por el camino correcto.

Definitivamente hay maneras para que nuestro cuerpo trabaje de forma óptima, alimentándolo adecuadamente y sin necesidad de una aspirina u otros fármacos, únicamente con comida. Hipócrates lo dijo: “Deja que la comida sea tu medicina y  que la medicina sea tu comida”, lo cual creo totalmente y ciertamente creo que no hay mejor manera de describirlo.

Así pues, no tengas miedo a hacer el cambio, a veces parece muy abrumador pensar en hacer todos estos cambios, pero el secreto aquí es que no se tienen que hacer todos de una sola vez, son pasitos de bebé, uno a uno, pero seguros.

Si se implementa algo nuevo cada semana, a la vuelta de un año vas a tener 52 cosas nuevas que habrás agregado a tu estilo de vida saludable: una semana, agrega una fruta o vegetal nuevo a tu compra en el mercado.

La siguiente semana, empieza eliminando grasas hidrogenadas de tu dieta. Ver  “Las Grasas: ¿son tan malas como dicen?”                   .

En la otra semana, hazte el firme propósito de empezar a caminar aunque sea 10 minutos cada día, y gradualmente incrementa ese tiempo hasta que camines no menos de 30 minutos por día, y si quieres más de 30 minutos, pues mejor.

Luego, comer sólo una rebanada de pan en lugar de dos, y así sucesivamente, hasta que, cuando menos lo pienses ya habrás hecho una serie de cambios muy significativos en favor de tu salud.

Ahora que si tu eres de los que pueden hacer cambios drásticos de un día para otro si se lo proponen, ¡excelente!, verás resultados positivos mucho más rápido.

Aquí es importante señalar, sin embargo, que si tienes dudas o si tienes alguna condición médica, consulta a tu médico o proveedor de cuidado de salud antes de implementar cualquier cambio, para que juntos trabajen en tus necesidades específicas.

Y aparte tú, por tu cuenta, haz mucha investigación, lee, pregunta, que nadie te cuente, es la única manera de que tengas control sobre tu propio cuerpo, porque al fin de cuentas es TU cuerpo y solo tú lo conoces mejor que nadie, tu eres la persona más responsable por tu propia salud personal, no tus padres, ni tus hijos, y tampoco tu doctor, al que verás, si bien te va, cada vez que tengas tu examen físico anual, o si tienes chequeos regulares por alguna condición de salud, tal vez estarás en ese consultorio por 10 a 30 minutos en esa visita; tú estás contigo mismo las 24 horas del día los 7 días de la  semana.

El cambio esta dentro de tí; sólo  tienes el poder de tu salud y de tu cuerpo en tus manos.

¡A tu salud! 🙂

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4 pensamientos en “La comida es tu medicina

  1. Hola Gabriela, yo también tengo la oposición de la familia para depende que tipo de alimentos. Poco a poco voy introduciendo en su alimentación alimentos integrales y más frutas y verduras.
    Aunque llevamos una alimentación vegetariana, son muy reticentes a la hora de probar depende que cosas,… Yo con la edad he notado que mi peso no es el mismo, a pesar de hacer bastante deporte. Lo asumo con normalidad y no me obsesiono. En encontrándome bien y activa, uno o dos quilos de más no me preocupan.
    Me ha encantado el artículo,
    Un saludo.

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    • Los cambios a veces no son bien recibidos, yo creo que aquí lo más importante es la constancia, así como haces tú, que poco a poco vas introduciendo alimentos nuevos para la familia. Es un proceso, ya que ellos mismos comprueban, como me ha pasado a mi con mis hijos, que comer saludable no tiene que ser aburrido, y esto no quiere decir que de vez en cuando no se coma uno la rebanada de ese pastel delicioso que se nos ocurrió cocinar.

      Todo es un balance, especialmente cuando tarde o temprano lo notaremos en nuestra cintura, pero sin llegar a la obsesión, como tú bien lo enfatizas. Y tienes razón, uno ó dos kilitos de más son manejables; yo estaba realmente desesperada, porque siendo mas bien bajita, me eché encima un poco más de diez kilos de mi peso normal, y esos si “ya pesan”, no sólo desde el punto de vista estético, pero de salud, que es lo que realmente importa.

      Así que tenemos que seguir moviéndonos Inma, para tratar de conservar nuestra vitalidad y nuestro entusiasmo de seguir haciendo cosas importantes para nosotras mismas y nuestras familias.

      ¡Muchas gracias por tu comentario Inma, es un placer saludarte! 🙂

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    • Así es, cuando lo entendemos como eso, un estilo de vida, y no sólo una dieta mas de las miles que existen, no nos cuesta trabajo hacer el cambio y seguirlo, porque se trata de una cambio desde adentro y esto se refleja en el exterior, y es entonces cuando, ya no sólo no queremos, es que ya no podemos volver a los viejos hábitos, porque los resultados obtenidos a corto plazo y largo plazo son realmente un incentivo para continuar.
      ¡Gracias Rafa, me encanta que te haya gustado mi artículo!
      Bendiciones y un fuerte abrazo 🙂

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